Blog destinado al Arte y la Literatura, taller de escritura por Internet. Publicacion de obras.

Monday, June 25, 2007

La Clepsidra (Novela)

‘La Clepsidra’

‘Aún no sabemos casi nada y queríamos adivinar esa palabra que no nos será revelada nunca’
Flaubert



Una lengua de luz traspasó el cristal de la ventana babeándole el rostro, se volteó de derecha a izquierda, pero no reconciliaba dormir: ¿debo escapar? –se preguntó a sí misma. Sin procurar respuesta, se levantó de la cama y dispuso darse una espumosa ducha refrigerante en el mar. Ante la presencia de las burbujas que contenían en su interior la nada. ¿Qué espera una mujer? ¿De sí misma, de la vida?

El Mar Rojo era una fruta desgranada por el sol. Acababa de conocer a un hombre que le impulsaría a la muerte, sin saberlo se volcó hacía él.
Cuando se conocieron, la confundió con una trotamundos; una libélula en salvaje libertad. Estaba en su mejor momento: había cobrado el sueldo de tres meses de asistente de una traductora y se disponía a obtener otro período de residencia en el lugar donde temporariamente vivía. Su estado de ánimo en mucho tiempo era felizmente estable. No debía nada a nadie -sólo el realizarse como mujer…
¿El reloj marcaría el instante del rasguño de la manecilla sobre su vientre? Después de todo era joven y agraciada…masculló para sí misma.

Regresó a la escritura como una manera de buscarse, o de escapar,-no lo sabía a ciencia cierta. ‘Un modo de escapar’: la frase se le impuso como un mantra iluminador en su espíritu, sin embargo sabía que no había nada de místico en ello, tal vez, un cambio de posición vital. Es lógico pensar que la mujer aguarda el amor a fin de que sirva como vía de realizarse, así el hombre persigue la muerte a modo de medición y enfrentamiento. Digamos, una cuestión de poder… ¿La mujer consagra su existencia al amor, digo el verdadero? El razonamiento le resultó caprichoso y lo dejó suspendido en su mente…

Quiso seguir escribiendo, se acercó a la ventana y el cielo era ahora, un libro de lectura magistral. Si sólo pudiera descifrarlo, dijo en un suspiro…

Era curioso el desdoblamiento: ¿creaba un ser novelado de sí mismo o era la realidad que se enfrentaba a ella gritándole su presencia? ¿Tendría que elegir entre la escritura o la vida como ya otros autores lo hiciesen? ¡Oh, el sumergirse en la escritura! Era la única cosa que le evitaba el pavor del sólo permanecer en una existencia insustancial…

Nació artista como se nace pájaro o lucero: ¿como advertírselo? Al señalarle su extraña profesión, -que era escritora-, él lanzó una sonrisa:

-¿Qué, escribes poemas en los rabos de tus clientes? ¿Dónde están tus libros?
- Sin haber creído escuchar bien: ¿qué clientes? le inquirió.

No hay diferencia entre el amor y la escritura: se da todo o se marcha uno para siempre. Le arrebatamos a la muerte un instante de dicha. La felicidad es posible mientras se intenta. Se renuncia a todo, se expulsa todo, enfermedad o herida abierta. El arte de la escritura: la verdad que se arroja se dispone en el papel sangrante. Se escribe con dolor, a veces con serenidad, pero eso no importa. Si no se escribe, se muere uno de glotonería…
Hablaba y sus pómulos se llenaban de un candido color durazno: El arte nace por los poros. He aquí el problema: siempre se está pariendo palabras…
Mas, él tenía razón, ¿dónde estaba el sentido? ¡Pequeño detalle, se le pasó, el sentido! Estaba todo afuera: en el aire, en el viento, en las aves. ¡Lo había dejado volar! No dejó que terminase, el joven moreno con cabeza de tocado turquesa que había conocido en Eilat, la interrumpió:

-No te esfuerces. Reconozco a los de tu especie. ¡Son todos locos! Conspiran contra el universo y le hieren. Este de por sí es bello. No se necesita que se le traduzca ni interprete: ¿Hay algo más perfecto que Alá? Le tomó con fuerza del brazo hacia el poniente, abrió la ventana del hotel Herodes de par en par y casi ofuscado, señaló el Mar Rojo:

-¿Has visto, has sentido el rugir del mar embravecido allá fuera? ¿Dime poeta, acaso existe algo más sublime que la tempestad?

Miró la imagen alucinada y cayó de rodillas conmovida. No tuvo fuerzas para decirle que dentro de ella alguien pedía que se le abriese la ventana. El silencio retumbó dentro de sí como en un atlántico olvidado. No sabía cuánto tiempo permaneció de rodillas, pero fue suficiente para que se diera cuenta que quizás estaba ante un dilema. Ella estaba allí, echándose una broma: jugando a ser la amante de un joven árabe. Había sobrevivido a muchas empresas vitales; su espíritu ¿seguiría intacto?... Pensó en la falacia de creerse eterna por el sofisma de que se trasciende en la escritura. ¿Acaso había descubierto alguna palabra fundamental? ¿Algún simple silogismo que valiera la pena? ¿Escribía por necesidad, vanidad o locura? No podía dejar de pensar, mientras braceaba en las aguas espumosas. El mar era tan infinito como los pensamientos, despiadado como el deseo...
Marcela Vanmak

2 comments:

John Sereira said...

Colocas al lector ante situaciones límite, desgarradoras, de una forma que aparenta suavidad.
Me dejó pensativo, y un poco perplejo, pero he de reconocer que la forma es bella.
Saludos, Juan.

Marcela Vanmak said...

Jhon Sereira, debe ser que se vive y escribe de esa forma:límite.
Gracias por tu comentario,lo aprecio y colgaré el proximó poema sabiendo que es probable que sea así.
M.V.